Esto en realidad no es algo necesario, pero por algo tengo que empezar.
Llevo posponiendo ponerme con esto, es decir, con lo que viene después de esto, varios meses, seguramente porque estoy en un momento en el que el corazón va a trote. Ni rápido, ni lento, a medias.
Es absurdo, pero así va.
Son las 7 menos cuarto de la mañanas cuando estoy escribiendo esto. Y no, estas noches no son de insomnio, son de las que merecen la pena, aunque me sienta algo solo.
Realmente nunca pensé que diría que por la noche me sentiría solo, es la costumbre de acostarme con mis dudas y demonios supongo. Les odias, pero hacen compañía.
Pero ya no.
Ahora la soledad me ronda como una gata en celo pidiendo que la haga caso. Pero...no duele.
Quizás por eso lo estoy posponiendo todo.
TODO absolutamente.
Porque ya no duele. Hay dudas y demonios como el turrón, que siempre vuelven, o como ese limón de la nevera, que siempre están, pero últimamente ninguno molesta. Es como estar por encima.
Pero desde encima de las cosas que vienen y van y de las que se quedan siempre, veo claro el mensaje que me envía todo lo que me rodea.
Y eso es lo que estoy posponiendo.
Pospongo mi reencuentro con mis dudas y demonios. Pospongo el escribir, leer, escribir, leer y volver a escribir.
Pero no puedo seguir así.
No es por mi, es por esa voz de mi cabeza que solo dice una frase, dos palabras.
"Escribe capullo."
Y tengo que decirte que no puedo seguir posponiendo eso. Así que mañana me obligaré a escribir, como he hecho ahora.
Aunque no hacía falta obligarme a nada, porque no duele.
No hay comentarios:
Publicar un comentario