domingo, 16 de febrero de 2014

Ordenando.

Realmente no te estoy escribiendo nada, solo necesito ordenar algo lo que me ronda por la cabeza, quitar un poco el polvo, hacer un montón de buenos recuerdos y dormir hoy sobre ellos como un perro callejero mojado por las gotas de una lluvia fría de invierno.
Lluvia de invierno o lluvia de no-estas-aquí-por-las-mañanas. Da igual.
Lo que me retorna de nuevo a esto, o lo que me hace de una vez volver a escribir, ya que llevo dos meses queriendo escribir, es...bueno, son las dudas de siempre. ¿Las dudas que había antes de ti? Bien, pues las hijas de puta han vuelto. Ya sabes, mala hierba nunca muere. Por eso seguimos vivos.
Esas dudas, durante las centésimas de segundo antes de despertar del todo, me hacen esperar que estés.
Ahí.
A mi lado, sonriendo.
Resulta curioso, vivo con el tiempo justo, si pierdo un minuto, pierdo el día. Y aún así, me lleva horas poder dormir sin que me pesen las oportunidades perdidas.

"Le dije: No hay mejor almohada que una conciencia limpia... Me contestó: Por tus ojeras deduzco que la tuya es un cepo para osos..."

Porque tenías razón.
Un hombre que sabe escribir, es peligroso. Pero hay algo aún más peligroso, que sea consciente de su peligro.
Y ese peligro hace que no duerma, que las dudas de siempre florezcan y me hace querer despertarme acompañado.
Pero también tenías razón en una cosa.
El folio no espera a nadie.
Y ya sabes lo que pasa cuando alguien peligroso pierde el miedo...
Cariño, nos vemos en mi próxima letra.